La alfombra del Corpus de La Orotava cumple 100 años en la plaza consistorial

La asociación ArteArena reconoce a los 12 artistas que han dirigido la confección del magno tapiz frente al Ayuntamiento en su primer centenario con una exposición de paneles informativos en idiomas.

La tradición de crear alfombras efímeras con arenas de Las Cañadas del Teide en honor al Corpus Christi es el fruto del trabajo durante más de un siglo de cientos de artistas y artesanos villeros. Este año, con motivo del centenario de la primera alfombra confeccionada en la plaza del Ayuntamiento de La Orotava, la asociación ArteArena, formada por alfombristas, homenajea a los 12 artistas que en este tiempo han dirigido el magno tapiz y que han contribuido a que este arte efímero sea más innovador, más popular y más internacional.

El homenaje consiste en una exposición de paneles informativos con reseñas biográficas en cuatro idiomas de cada uno de los 12 directores del tapiz consistorial, así como sus principales contribuciones a la tradición de las alfombras. Esta muestra está instalada en la misma plaza del Ayuntamiento, que mañana jueves volverá a ser el centro neurálgico de la Infraoctava del Corpus Christi, el día más solemne de las fiestas patronales orotavenses. La exposición de paneles repasa los 100 años de alfombras en la plaza consistorial, con imágenes de los primeros medallones de flores, las innovaciones más recordadas, fotos antiguas, bocetos o las citas más emblemáticas. El primer director del magno tapiz, y hasta 1929, fue el gran impulsor del arte villero: Felipe Machado y Benítez de Lugo. Gracias a su pionera idea, el Santísimo pisó por primera vez la alfombra en la plaza del Ayuntamiento, que por aquel entonces se confeccionaba con flores, no con arenas.

En 1930, la responsabilidad de ponerse al frente del tapiz pasó a Manuel Fernández Padrón, quien también realizó populares trabajos de pétalos y vegetales en las calles del casco. Un año más tarde, el pintor y restaurador Rodolfo Rinaldi tomó la batuta, haciéndose cargo no solo de la gran alfombra, sino también del programa y la cabalgata de las fiestas de la Villa. Más tarde, entre 1934 y 1936, fue Norberto Perera el que asumió el cargo. Confeccionó una obra dedicada a la central hidroeléctrica que se estaba construyendo en el municipio y ha sido el único alfombrista que ha firmado con su nombre el tapiz de tierra.

Ambrosio Díaz (1938-1940) se encargó de dejar una huella imborrable en la Villa, especialmente por sus alfombras de la Casa Brier. Un año más tarde tomó el relevo el célebre arquitecto Tomás Machado, nieto de Felipe Machado y Benítez de Lugo. Don Tomás, quien solía dibujar en servilletas y trozos de papel, pasó a la historia por unas innovaciones técnicas que no se habían hecho hasta entonces: expandir el magno tapiz a lo largo de toda la plaza e introducir la perspectiva para dotar a la obra de más realismo.

Por su parte, la maestría en las alfombras en las calles villeras le valieron a Jesús Martín Raya ser designado como director del magno tapiz en 1946. Los años venideros fue Pedro Hernández (de 1948 a 1976) el que hizo que la arena del Parque Nacional del Teide se convirtiera en obras de arte. Entre sus trabajos destaca la alfombra del escudo nacional hecha en el hotel Taoro durante la visita de Franco en 1950 y el tapiz realizado en la plaza del Ayuntamiento para la llegada de los príncipes de España.

Innovador en las técnicas y maestro de las transparencias, así fue el décimo director, José González Alonso, quien entre 1977 y 1988 lideró la gran obra en honor al Corpus. Ezequiel de León Domínguez (1989-1991) siguió su herencia, mientras que Domingo Jorge González, asumió la dirección desde 1992 y hasta la actualidad; 27 años con hitos como el primer cuadro en vertical y el récord Guinness a la alfombra de tierra más grande del mundo.

Con motivo del centenario del tapiz de la plaza del Ayuntamiento, Domingo González ha elaborado este año un diseño aún mas “revolucionario”, con un tapiz triangular bajo el lema La palabra de Dios a través de los tiempos. Así, la gran alfombra de casi 1.000 metros cuadrados introduce, además de arenas del Teide, elementos vegetales, como hizo hace 100 años el gran maestro alfombrista Felipe Machado.

 

 

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