El Peñón, un símbolo del Puerto de la Cruz

Crónica sobre la historia de este lugar tan simbólico del Puerto de la Cruz que nos ofrece Antonio Galindo Brito. Un espacio cuya fisonomía está vinculada con la aportación del comerciante genovés Luis Carlos Lavaggi que da nombre al paseo en el que se encuentra. Un artículo que nos aporta datos de interés que quizá desconocíamos.

Hoy quiero en este trabajo repasar la evolución de este lugar tan significativo para los portuenses, comenzando por afirmar que hasta el siglo XIX la zona que rodeaba al Peñón, es decir, el tramo comprendido desde la actual roca hasta el cementerio y desde ahí hasta el Calvario, era un inmenso pedregal de difícil tránsito y que fue un comerciante genovés, llamado Luis Carlos Lavaggi, afincado en el Puerto de la Cruz, quien a su costa mandó “hermosear” el lugar.

Luis Carlos Lavaggi y el Peñón

Luis Carlos Lavaggi (1768-1828) llegó al Puerto de la Cruz procedente de Cádiz en torno a 1790, empezando a trabajar como escribiente de la Casa Cólogan, cuyas oficinas por aquel entonces, estaban situadas en la parte baja de la casa familiar de la calle Quintana, donde actualmente se halla el Hotel Marquesa.

Imagen antigua del Peñón coloreada por Rafael Afonso Carrillo

Luis Lavaggi se casó en Cádiz en 1786 con María Teresa Toscana, con quien tuvo un hijo, pero a Tenerife llegó sólo, sin familia, y se cuenta que fue a causa de haber matado a un hombre en un duelo a espada, a consecuencia de lo cual tuvo que huir de Cádiz.

Al cabo de un cierto tiempo de su llegada, había prosperado tanto en sus negocios relacionados con la exportación de vino, que abandonó su oficio de escribiente de la Casa Cólogan, para dedicarse íntegramente a sus negocios.

Lavaggi fue famoso, tanto por su contribución al ornato de determinadas zonas del Puerto de la Cruz, como por las espléndidas fiestas de carnaval que dio en 1802 en su primera casa, situada en la calle de Venus -la actual Iriarte- esquina a la calle de La Oposición -la actual Agustín de Bethencourt-. Así, A. Rixo comenta en sus Anales [1] al hablar de 1802: “Fue lucido el Carnaval, en cuya última noche hubo espléndida fiesta y cena en casa de don Luis Lavaggi, calle hoy de Venus, esquina a la Oposición, donde a la sazón vivía. Ascendía la concurrencia a más de 300 personas, quienes quedaron gustosamente desafiadas para sobresalir en el año siguiente de 1803”. La casa citada se conserva actualmente en muy buen estado.

A la izquierda, con una balconada en su fachada, se ve la casa donde vivió D. Luis Lavaggi

Después de vivir en la casa comentada, Luis Lavaggi tuvo como vivienda principal una casa que construyó derribando la antigua donde nació Álvarez Rixo, tal como el cronista portuense cita [2] en sus Anales: “Con mejor gusto e inteligencia se construyeron este año varias casasentre ellas una de don José Francisco Páez, en  la calle de Santo Domingo de alto y bajo; y otra de dos sobrados por don Luis Lavaggi, genovés rico, escribiente de Cólogan, en la calle de Las Cabezas, esquina a la calle de Cupìdo, por dirección del maestro de carpintería don José Acosta Acevedo, a quien nombramos por ser la habitación más cómoda, costosa y elegante, que en este pueblo se ha hecho. Y porque antes de su metamorfosis perteneció la casa a don Manuel José Álvarez, padre del que escribe y nació en ella”.

 

 

La casa se hallaba -y se halla, pero bastante deteriorada- situada en la calle de Blanco, esquina a la calle de Cupido, donde, hace ya muchos años, estuvo establecida la sede de la compañía de Transportes Hernández Hermanos y la vivienda familiar de D. Domingo Hernández Hernández.

Otra casa de gran porte que construyó Luis Lavaggi fue la llamada El Casino, que tenía entrada por las calles Valois e Iriarte.

Citaré finalmente otra casa, sita en la calle Cólogan, que posteriormente fue destinada a hotel con el nombre de Hotel Buenavista y que andando el tiempo, sería convertida en el actual Hospital de la Inmaculada del Puerto de la Cruz.

La Construcción del Paseo Luis Lavaggi

memoria de D. Luis Lavaggi se perpetuó dándole el nombre de Paseo Lavaggi, al camino que conduce desde el Peñón hasta el cementerio de San Carlos, por haber costeado de su propio peculio su arreglo. A. Rixo nos da una vez más cuenta detallada en sus Anales, de este arreglo llevado a cabo en 1812 [3]: “Todavía ocurrió otro motivo asaz desagradable y fue la llegada de varios barcos cargados de majoreros, huyendo de la escasez que en este verano se experimentaba en sus islas, tanto que este alcalde [4], tomó la providencia de oficiar al General a fin de que no se les permitiese desembarcar aquí, por cuanto gravitaban sobre este pueblo únicamente, bastante fatigado ya en cuanto había sufrido por la epidemia y acordonamientos. Don Luis Lavaggi empleó muchos de dichos majoreros en sus fábricas de casas, bodegas y en el paseo que comenzó en el Peñón del Fraile, para evitar que el hambre les excitase a cometer algún exceso”.

Más adelante, en el resumen del año 1815, A. Rixo añade [5]: “Don Luis Lavaggi tuvo el capricho dos años antes de empezar a construir un paseo en el Peñón del Fraile, hermoseando dicho peñón con subida, escalones de piedra, y un terraplencito en su cúspide, adornado con una gran cruz verde y sus perillas de bronce dorado, desde cuya cúspide se disfruta de una de las vistas más deliciosas que puede ofrecer las Islas Canarias. Gastó en la citada obra, extensiva a murar con asientos y baldosas aquel ingrato vahío (bajío) hasta su extremo, cosa de tres mil pesos de su caudal, y el Ayuntamiento reconocido a esta pública magnificencia, en la base del Peñón hacia el NO, hizo esculpir sobre un entablado de losetas la inscripción siguiente: El Ayuntamiento de este año da las gracias a don Luis Lavaggi por haber hecho a su costa estos Paseos para uso del público”.

Rixo añade que a la mitad de la escalera estaba otro entablado de piedras con una cuarteta escrita, dicen por don Bartolomé Miguel de Arroyo:

“Es todo lo que vemos excelente,
al inventor resulta mucha gloria,
este Peñón conserve eternamente
de Luis Carlos Lavaggi la memoria”

A la punta extrema, hacia el norte, todavía se puso otra poesía en alabanza de Lavaggi, parece que hecha por don Juan Bautista Bethencourt, un estudiante del Puerto.

“Si Colón el industrioso
a España dio un Nuevo Mundo,
a un genovés sin segundo
se debe este sitio hermoso”

Asimismo, el citado estudiante Juan Bautista Bethencourt escribió otra cuarteta, la cual no llegó el caso de grabarse en aquel local, aunque muy verdadera, por estar en el paso para los cementerios; decía así:

“Para Lavaggi estaba reservado
el paso del Sepulcro embellecer
y que de Polo a Polo celebrando
el Sitio de la Muerte venga a ser.”

En su casa conocida como Casino, construida en 1815, Carlos Luis Lavaggi enarbolaba las insignias de Liguria y Génova, pues ostentaba la representación en Canarias de estos dos estados-ciudad de Italia, en calidad de Cónsul General. Según comenta el memorialista Melecio Hernández Pérez, Luis Lavaggi cobró de la Empresa Cólogan e Hijos 6.000 reales en concepto de su empleo como tenedor de libros, es decir, contable, desde agosto de 1798 a diciembre de 1799 [6].

Dedicó gran parte de su actividad empresarial al comercio de vinos y otras actividades, llegando a amasar una importante fortuna, hasta el punto ser considerada como una de las 10 casas comerciantes al por mayor del Puerto de la Cruz, entre las que figuraban Cólogan, Pasley Little y Cia, Hijos de Barry, Stuart Bruce, Power, Ventoso, Cullen Grauman y Mac-Daniel, Nieves y Lavaggi [7].

Ya comenté que Luis Lavaggi, a pesar de estar casado y tener un hijo, vino sólo al Puerto de la Cruz y aquí, según narra A. Rixo, tuvo sus devaneos amorosos en septiembre de 1790. Comenta el cronista portuense en sus Anales [8]: “don Francisco Benítez de Lugo y Viña, padre de la señorita María Rosa, supo que a ésta la obsequiaba don Luis Lavaggi, joven genovés, escribiente de la casa de Cólogan. Su clase de dependiente del comercio, además de que vendiéndose por soltero, era casado en Cádiz, alarmó al padre y a su parentela, percibiendo la mala fe del seductor”. El padre, para evitar males mayores obligó a su hija a embarcarse para la isla de La Palma, a pesar de sus suplicas para que no lo hiciese. 

El Peñón del Fraile según Olivia Stone

La escritora inglesa, en su ya citado libro “Tenerife y su seis satélites”, después de hablar del cementerio portuense, hace el siguiente comentario [9] respecto al Peñón: “Un poco más cerca de la ciudad, a la izquierda y cerca del mar, se alza una cúpula circular abovedada, con seis columnas lisas, erigida sobre una roca escarpada y solitaria. Se han construido unos escalones hasta la parte alta de la roca por el lado que da a la ciudad. Alrededor del final del siglo pasado (se refiere al siglo XVIII) o comienzos de éste (se refiere al siglo XIX), los habitantes de Lanzarote estaban muy agobiados por la falta de agua que provocó una hambruna en la isla. Muchos de ellos vinieron a La Orotava (entiéndase Puerto de la Cruz) buscando trabajar para los, por aquel entonces, prósperos orotavenses (entiéndase portuenses). En lugar de ponerlos a hacer algo útil –no había ni una sola carretera en la isla en aquel momento- construyeron esta monstruosidad, fea y completamente inútil. Las seis columnas y la cruz que aparece en la parte más alta fueron añadidas después, además de una inscripción en verso para inmortalizar al imbécil, aunque humanitario, proyectista de la obra”.

Evidentemente, no puedo estar de acuerdo con la opinión de O. Stone, quien no valoraba el aspecto sentimental que el Peñón significaba y sigue significando para los portuenses, porque es un símbolo y un recuerdo del tempestuoso pasado volcánico que dio origen a nuestro pueblo y prácticamente, junto al ya comentado 

Calvario, los casi únicos vestigios que han permanecido casi incólumes a los largo de milenios de años.

 

 

La reedificación del Peñón del Fraile y su uso como atalaya 

En enero de 1850, con D. Luis Lavaggi ya fallecido, se reedificó el Peñón del Fraile por su hijo D. Juan Bautista Lavaggi, en recuerdo y homenaje a que había sido su padre el primero que lo había hermoseado [10]. Al fallecer su padre en 1828, Juan Bautista Lavaggi se había trasladado al Puerto de la Cruz, en compañía de su madre María Teresa Toscana, para hacerse cargo de su herencia y de los negocios familiares.

El Peñón también sirvió como atalaya para vigilar los movimientos de las personas que entraban y salían de nuestro pueblo, pues por aquel entonces no existía la salida por el lado este, es decir por Martiánez. Esta vigilancia era importante, tanto para controlar el posible contrabando, como para prevenir la llegada de visitantes con enfermedades contagiosas que pudieran infectar a los habitantes de nuestro pueblo. Así, en julio de 1851, para evitar la entrada de enfermos del cólera, con el posible riego de que se extendiese esta enfermedad entre la población, se apostaron guardias en

 todos los posibles desembarcaderos del Puerto, a saber, el Cardón, la Laja de la Sal, San Telmo, Lazareto y Peñón del Fraile [11].

Cinco años más tarde, concretamente en 1855, don Antonio Perera, Primer Teniente de Alcalde del Ayuntamiento del Puerto de la Cruz, dirigió y costeó una obra encaminada a modificar la cúspide del Peñón del Fraile, pues donde siempre había estado una Cruz embutida en un poyata, se empezó a erigir, a su costa, un templete de seis columnas, el cual adornaba el conjunto. La obra fue terminada en marzo de 1860, cinco años después, cuando se techó el templete [12].

Añadiré finalmente, que recientemente, entre los años 2002-2003, se ejecutaron por el ayuntamiento portuense, obras de remodelación en el Peñón, colocando una cúpula de bronce y restaurando las desgastadas escaleras.

Como último comentario, me parece oportuno señalar que en las primeras décadas del pasado siglo, se adecuó el espacio inmediatamente al Peñón, comprendido entre el Paseo Lavaggi y el mar, para dedicarlo a la práctica del fútbol, dándose a este campo de deportes el nombre de Estadio Peñón. Se construyó asimismo, una pequeña taquilla inmediata al Peñón para el despacho de entrada a los aficionados, en cuyo techo estaba un rudimentario marcador, en que manualmente se iba señalando el tanteo del partido, con láminas metálicas colocadas en un soporte. A lo largo de los años, este modesto campo de fútbol ha sido el lugar donde los aficionados a este deporte han visto jugar a diferentes equipos representativos de nuestro pueblo, los más viejos como el Norte, el Once Piratas, Portuense y más recientemente, el Puerto Cruz, entre otros muchos.

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