Historia de nuestra ciudad Puerto de la Cruz

Puerto de la Cruz, antiguo Puerto de La Orotava, y conocido popularmente como “el puerto”, es una bella ciudad turística distinta, moderna y cosmopolita, que en su interior conserva el entrañable aire de antaño, en la que se erigieron nuevas edificaciones con los rasgos característicos de la arquitectura tradicional canaria junto a las antiguas casonas de tejas y balcones de madera. Sus calles peatonales y sus apacibles plazas invitan a evocar ese pasado aún no muy lejano.

Puerto de La Cruz, enclavado en el magnífico Valle de La Orotava, se yergue como un lugar privilegiado por la naturaleza. Aunque su origen y desarrollo estuvo vinculado, hasta bien entrado el XIX, a la actividad comercial y portuaria, es turística por naturaleza, de hecho, desde mucho antes de que se inventase lo que hoy conocemos por turismo, incluso desde mucho antes de que las Islas Canarias fueran conquistadas por los castellanos, pues los guanches, aborígenes de la isla, se trasladaban en invierno a la costa del Valle de La Orotava, concretamente a las cuevas de Martiánez, en busca de un clima más agradable, lo que evidencia que desde siempre ha sido un lugar ideal.

Fue a finales del siglo XIX cuando comenzaron a llegar al Puerto, desde Gran Bretaña, los primeros “excursionistas” a bordo de vapores de compañías fruteras, y así, cada vez más frecuentemente; también  se hizo notoria la presencia de científicos y viajeros acaudalados, a bordo de cruceros de lujo, de paso hacia El Cabo, Buenos Aires o Australia, los cuales solían hacer cortas incursiones en la isla. Aunque no es posible decir que se trataba de un auténtico movimiento turístico, sin apenas advertirlo, la ciudad fue sentando las bases de lo que a la postre se convertiría en su motor y medio de subsistencia. Además, su situación estratégica y su inmejorable clima atrajeron a comerciantes de diversas nacionalidades que terminaron asentándose en la ciudad y convirtiéndose en la clase burguesa dominante.

Por otra parte, el Decreto de Puertos Francos de 1852 hizo que muchos turistas que visitaban Madeira, lugar de gran prestigio terapéutico, cambiaran el rumbo de sus vacaciones hacia las Canarias, que originó que se extendiera por toda Europa una especie de propaganda sanitaria, a través de multitud de artículos en prensa, guías y folletos promocionando los beneficiosos efectos de este destino.

Importantes compañías fruteras que operaban en Canarias sirvieron de líneas turísticas, por lo que se hizo notorio que las constantes visitas de gente de otras latitudes, podían ser una importante fuente de ingresos. Así se produjo lo que los investigadores denominan “la asimilación social del fenómeno turístico”. Es allí, a mitad del siglo XIX, en donde la sociedad portuense, y más aún, las colonias extranjeras aquí asentadas, se dieron cuenta de las amplias posibilidades que tenían delante. Y fue precisamente la presencia de la colonia británica, la decisiva en el arranque definitivo de la industria turística en Puerto de la Cruz y el Valle de La Orotava.

Puerto de La Cruz es hoy una combinación perfecta de lo moderno y lo tradicional, que le otorga una belleza urbana variada, sugestiva, acogedora y divertida, de gente hospitalaria y liberal, que coloca a disposición de sus visitantes toda clase de comodidades, hoteles de primera, restaurantes típicos y también de comida internacional y todo tipo de ocio y diversión.

Hoy,  como antaño, continúa seduciendo a residentes y visitantes por ser un enclave de un privilegiado clima de eterna primavera, con su aire de pueblo-ciudad, de encantadores contrastes, que le otorgan su singular y atrayente belleza.

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