Casi cuatro siglos de cruces y flores.

Se cumplen 357 años de historia. El 3 de mayo, como el pasado, es fiesta local en la ciudad de Puerto de la Cruz. Este día se celebra la festividad de la Santa Cruz y, al mismo tiempo, se conmemora tradicionalmente la fecha fundacional de la actual ciudad turística, aunque lo cierto es que el proceso histórico de generación del actual término municipal fue muy largo. La tradición popular manda en este día adornar con flores las casi 200 cruces, ermitas y capillas que existen por todo el municipio portuense, sin contar la vieja costumbre aún conservada de las pequeñas capillas que se instalan y se adornan en habitaciones de casas particulares.

El Puerto festeja también el día de la Cruz con voladores y tracas, como se hace desde antiguo en el muelle y en la calle Santo Domingo, especialmente. El Ayuntamiento se encarga desde días antes de pintar y acondicionar todas las capillas y ermitas para que presenten el mejor aspecto en este día grande.

Misa y procesión.

La fiesta de la Cruz es en el Puerto de la Cruz una tradición eminentemente popular y de marcado carácter cultural. En la actualidad, los actos principales del 3 de mayo portuense son la misa en la parroquia de la Peña de Francia, a las 11 de la mañana, seguida de la procesión de la gran Cruz de Plata por las calles del casco histórico. Se ha impuesto como costumbre reciente la lectura por parte del alcalde de la Real Cédula fundacional de Felipe IV al final de la ceremonia religiosa. Desde la víspera los vecinos y vecinas realizan el acostumbrado paseo por todas las cruces y ermitas del casco y los barrios para admirar los artísticos enrames de flores.

Se ha mostrado el propósito de recuperar en años venideros la relevancia y significación que tuvieron años atrás las Fiestas de Mayo portuenses, cuyos valores históricos y culturales deben ser ensalzados y divulgados por cuanto reportan al reforzamiento de la identidad del municipio y de la memoria histórica local.

Es digno de resaltar el interés que tanto el Ayuntamiento como los ciudadanos y las ciudadanas portuenses, vienen demostrando por el cuidado, embellecimiento y recuperación de su símbolo principal. Unida a la arraigada tradición del 3 de mayo, en las últimas décadas se han recuperado muchas de las antiguas capillas y cruces, en iniciativas conjuntas entre los vecinos y el consistorio, como sucedió en 1989 con la reconstrucción de la ermita de la Cruz del Pino, o el pasado año con la nueva ermita de San Carlos, en Martiánez. Otras capillas son de reciente construcción, como las de la Casa Azul, Los Nidos y La Unión. Por otra parte, la propia Cruz Procesional de Plata, copatrón oficial y emblema del municipio, fue restaurada años atrás por iniciativa ciudadana.

Real Cédula de Felipe IV.

Siendo alcalde real José Agustín Álvarez Rixo, propuso y se aprobó designar el 3 de mayo como fecha fundacional de la ciudad, dado que el 3 de mayo de 1651 entró en vigor la Real Cédula de 28 de noviembre de 1648 de Felipe IV, por la que se otorgaba a esta población el nombre de núcleo exento -que no independiente- de La Orotava, con derecho a nombrar alcalde real. Por cierto que en esa Real Provisión Felipe IV llamó al Puerto llave de la isla, y así está reflejado en el escudo heráldico, por la importancia comercial que tenía su muelle. Posteriormente fue nombrado el Puerto como municipio independiente e, incluso, aumentó su territorio en detrimento principalmente del entonces Realejo Bajo. En concreto, la demarcación jurisdiccional actual data de 1847. 

Fecha fundacional.

La concreción de la fecha fundacional de la ciudad de Puerto de la Cruz es complicada y relativa. Tal y como señala el historiador Nicolás Barroso, el inicio de la actividad económica en la localidad inicialmente denominada Puerto de La Orotava se remonta a 1506. El comienzo de la formación del caserío es posterior y coincide con la construcción de la ermita de San Juan Bautista, en 1599, o con el acuerdo del Ayuntamiento de la isla, de 1603. Pero, tomando como referencia la mencionada fecha de 1651, de entrada en vigor de la Real Cédula de Felipe IV, puede decirse que el municipio de Puerto de la Cruz cumple ahora 357 años de historia.

Es cierto que hace 357 años no se logró la emancipación perseguida por los portuenses, pero los historiadores coinciden en destacar que ése sí fue uno de los momentos de importancia vital que llevó -unido a otros hitos históricos- a que el Puerto de la Cruz comenzara a gozar de una diferenciación de facto de la Villa. De ese modo, la Real Provisión de Felipe IV tiene un significado que va más allá de las concesiones efectivas hechas al Puerto de la Cruz en aquel momento.

Un Puerto y una Cruz.

El nombre y la historia de Puerto de la Cruz están marcados por la popular Cruz de La Carola, actualmente adosada a una de las fachadas de la Antigua Casa de la Real Aduana. Es la más antigua de cuantas existen en la localidad. Originariamente estaba situada junto a la escalinata del muelle que daba a la desaparecida batería de Santa Bárbara. Esa cruz de madera situada en una peña del muelle y que era lo primero que veía los que llegaban a puerto, fue lo que terminó dando nombre a la localidad: Puerto de la Cruz.

Rápidamente la cruz cobró importancia singular en la ciudad. Según los cronistas, influyó la presencia cercana del convento franciscano de San Juan Bautista, lugar donde se fundaron dos hermandades casi desde principios del siglo XVII: la de San Antonio de Padua y la de la Vera Cruz y Misericordia. Esta última era por aquel entonces propietaria de la Cruz de Plata Procesional, copatrona de Puerto de la Cruz junto con la Virgen de la Peña de Francia.

El hecho de ser los franciscanos, como Orden Religiosa, los Custodios de los Santos Lugares de Jerusalén, tuvo que haber influido en la importancia que se le dio a este símbolo en el Puerto. Fruto de ese espíritu franciscano fue también el antiguo y hoy desaparecido encuentro entre la imagen de Santa Elena -que salía de la Iglesia de San Francisco- y la Cruz, que partía de la iglesia matriz, para encontrarse en la zona baja de la calle Santo Domingo, donde se rememoraba la leyenda del encuentro de la Cruz por esta santa emperatriz con gran estruendo de fuegos artificiales.

Cuenta la leyenda que Santa Elena, madre del emperador Constantino, para averiguar cuál de las tres cruces encontradas en el Monte Calvario era la verdadera, colocó sobre cada una de ellas a un enfermo: la que sanara indicaría cuál era la auténtica, la Vera Cruz, el santo Madero sobre el que murió Jesús de Nazaret.

Tradición antigua y arraigada.

El siglo XIX y los principios del XX fue la etapa de mayor esplendor para la festividad de la Cruz con la creación de numerosas capillas, algunas de dimensiones bastante apreciables, y por las numerosas fiestas que en ellas se celebraban, con enrames, bailes, carreras de sortijas, carrozas con batalla de flores y alfombras de flores, compitiendo unos vecinos con los otros por ver quién hacía mayor fiesta. Los más viejos del lugar recuerdan el pique que existió entre las cruces de Cuaco y la del Pino, o las alegres fiestas de las cruces de San Carlos y del Ñuñú.

En el recorrido por las cruces de la costa portuense abundan las historia de naufragios, cruces hechas con restos de maderos llegados a los bajíos de La Ranilla, los ramos de flores de escamas y espinas de pescados, únicos en su género y de dudoso origen, y la leyenda del Peñón del Fraile, donde buscaba soledad para la oración fray Juan de Jesús, el cual hizo una cruz con dos trozos de verode secos y, según la leyenda, los verodes florecieron.

La Cruz Procesional de Plata.

Desde el punto de vista religioso, las Fiestas de Mayo de Puerto de la Cruz conmemoran la circunsisión del Señor y la invención de la Santa Cruz. Según los historiadores, hay varias hipótesis sobre el origen de la Cruz Procesional de Plata que se guarda en la Parroquia de Nuestra Peña de Francia, y que es el copatrón del municipio. 

Para unos esta cruz fue labrada a martillo por un orfebre de La Laguna y traída al Puerto por Leonardo Torriani, ingeniero de Felipe II. Otros la relacionan con la cruz que llegó a la isla con los conquistadores y que fue colocada en una de las peñas que formaban la boca del puerto, al firmarse la paz en los llanos que hoy llevan este nombre.

Finalmente, una tercera hipótesis mantiene que la cruz fue traída de Méjico. Lo corrobora la decoración de soles que lleva consigo. La presencia de esta cruz en la ciudad se constata en 1620, como propiedad de la Hermandad de la Misericordia.

Según el Departamento de Archivo del Ayuntamiento portuense, del inventario de la Parroquia de la Peña de Francia, realizado en 1826, se desprende que la Cofradía de la Santa Cruz tenía en propiedad los ornamentos siguientes: una cruz de cosa de dos varas y media y dos pulgadas de alto, con alma de palo, forrada de plata labrada al martillo; sobre una peana también forrada del mismo metal sólo por tres lados. Además, tres clavos grandes, laureola de un crucifijo y un báculo, que es la insignia del priorazgo.

Exaltación de la Cruz.

En el siglo XVIII la procesión del Santísimo Cristo de la Misericordia se celebraba el 14 de septiembre, coincidiendo en el calendario litúrgico con el día de la Exaltación de la Santa Cruz. Con el tiempo, esta celebración fue cambiando de forma y contenido. Así terminó sustituyéndose la procesión del Cristo de la Misericordia por la procesión de la Santa Cruz.

En 1851, por iniciativa del insigne alcalde e historiador portuense José Agustín Alvarez Rixo, la fecha de esta festividad se trasladó al 3 de mayo, adquiriendo a partir de entonces un profundo contenido civil, en tanto que se conmemora también la fundación del municipio.

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